Historia

Aquí encontrarás valioso material e información para conocer más nuestra historia.

Documental "Las Batallas de San Martín" (Producción Clarín)

Capítulo: "El Cruce de Los Andes"

Documental del Ejército de Chile.

"Cruce de Los Andes. Un paso hacia la Libertad"

"Revolución" Película completa que documenta la planificación, organización y ejecución del cruce de Los Andes y la batalla de Chacabuco (1817)

Documental

Canal Encuentro, Argentina.

"La Estrategia de Los Andes. Dos pueblos unidos por la Libertad"

 

EXPEDICION LIBERTADORA

Plan Continental

 

http://www.i-n-sanmartiniano.com.ar/mapas/Plan%20Continental.jpg 

 

 

 

 

 

 

 

Modificaciones al esquema básico

 

La derrota chilena en Rancagua introduce a las dificultades ya existentes, la necesidad de recuperar la libertad para Chile. Esto lleva al Gral. San Martín a modificar el esquema inicial del Plan Continental, introduciendo nuevas exigencias tal como el aumento de los efectivos, una organización más detallada y por sobre todo una cuidadosa selección de la maniobra estratégica que permitiera llegar a los desemboques a través de la cordillera, obligando al enemigo a mantenerse disperso en un extenso frente, ante la constante incertidumbre del lugar exacto de invasión, y con ello facilitar el logro de la sorpresa como elemento multiplicador de la potencia necesaria para librar con éxito la batalla en el lugar elegido. Esta batalla debía permitir abrir cuanto antes el espacio de maniobra necesario para continuar hacia Lima.

Esquema básico: El Plan Continental no ha sido revelado, al menos hasta ahora, en ningún documento escrito, de manera que es necesario reconstruirlo a través de la correspondencia sanmartiniana de la época. En síntesis, San Martín apreció conveniente la creación de dos Teatros de Operaciones que podríamos llamar "Oeste" (territorio de Cuyo y Chile), y "Norte" (provincias de Tucumán, Salta y Jujuy). El Teatro de Operaciones Oeste para: - Concentrar un ejército reducido pero de gran cohesión y capacidad operacional. - Cruzar la Cordillera y reforzar a las fuerzas chilenas, que luego de luchar en Concepción, Talcahuano y Chillán, no habían logrado aún la definición de la campaña. - Una vez consolidado el territorio chileno, mediante un envolvimiento anfibio, ocupar Lima (centro del poder político realista en América). El Teatro de Operaciones "Norte" para: - Aferrar inicialmente efectivos realistas, mediante la acción de las tropas de Güemes, previendo luego una acción ofensiva hacia el Norte, en coordinación con la maniobra anfibia hacia Lima.

El Plan Estratégico

http://www.clarin.com.ar/diario/especiales/sanmartin/i_bata.htm 


Fuente: Ruiz Moreno Isidoro, Historia de los Granaderos a caballo, Bs. As, Ediciones Argentinas, 1995, capítulo V, pág. 74.

Aspectos Generales

 

La estrategia operacional imponía aniquilar cuanto antes al enemigo en Chile, ocupar Santiago y contar con el espacio necesario para continuar las operaciones sobre Lima. Ello imponía tácticamente, resolver entre otros los siguientes problemas:

    - Engañar a los realistas, sobre las líneas de invasión seguidas por los patriotas, a fin de obligarlos a mantener dispersos sus efectivos en un sobre extendido frente de aproximadamente 600 Km. Con ello se obligaba al enemigo a presentar una debilidad en su dispositivo que convenientemente explotada facilitaba a los patriotas ser fuertes en el lugar de la decisión.

   - Conducir adecuadamente el personal, material y medios, durante más de 800 Km. de terreno montañoso, cruzando extensos cordones de alta montaña, carentes de recursos y poblaciones, con valles áridos y bajo temperaturas desfavorables aun en verano.

   - Llegar a los desemboques en aptitud de empeñarse en combate sin mayor alistamiento previo.

   - Lograr en el menor tiempo posible una batalla favorable para continuar las operaciones futuras.

La maniobra de ruptura estratégica que buscaba San Martín al cruzar los Andes y tratar de destruir al Ejército Realista en Chile dividía sus fuerzas en conjunto en seis agrupaciones de diferentes efectivos. Las tropas de granaderos irían repartidas, como se verá a continuación, por las líneas de invasión. Para una mejor explicación se citan los detalles relativos a efectivos del Regimiento solamente.

Paso Come Caballos (Pcia. de La Rioja): con el Tcnl. Francisco Zelada (de 26 años) y 50 infantes, salía de Tucumán, se reforzaría con tropas de milicianos (80 de caballería) en Cuandacol (La Rioja), y se dirigiría en dirección a Copiapó, para arribar a mediados del mes de febrero (el 17). Tenía una longitud de 750km. Objetivo: San Martín dispuso dos divisiones rápidas en esa zona: la de San Juan y la de La Rioja que debían envolver por el norte a las columnas principales. El Cap. Zalada y el Jefe de Milicias Dávila recibieron instrucciones de ingresar a territorio chileno cerca del 7 de Febrero de 1817 y llegar a Copiapó al mismo tiempo que las fuerzas principales con el fin de los realistas aún no tuviesen noticia de la invasión y así no pudieran organizar la resistencia.

Paso de Guana o Pismanta (Pcia. de San Juan): con el Tcnel. Juan Carlos Cabot (de 22 años). Estaba integrada por soldados de línea de los Batallones de Cazadores, Soldados de Infantería  y Granaderos a caballo entre los cuales se encontraba el Tte. Eugenio Hidalgo, debiendo emplear 14 días de marcha. Inició la travesía el 9 de Enero. La misión era obligar a la dispersión de las fuerzas realistas e inducir a engaño respecto del avance de la fuerza mayor que venía por Uspallata y Los Patos y eventualmente replegar hacia Santiago a los Realistas. El objetivo era restituir la Provincia de Coquimbo al Estado de Chile. Tenía una longitud de 705km.

Paso Los Patos (por el paso de las Llaretas): El grueso del Ejército a órdenes del propio San Martín. La vanguardia bajo el brigadier Miguel Estanislao Soler (de 33 años) con los escuadrones 4to. y 3ero. De Granaderos al mando de los capitanes Manuel Escalada (cuñado del general San Marín y de 21 años) y del comandante José Melián (de 32 años) en ese orden. Más atrás y siguiendo al grueso que encabezaba el Brigadier chileno Bernardo O´Higgins (de 39 años) iba la reserva constituida por 100 Granaderos a Caballo mandados por su comandante Mariano Necochea (de 26 años), que formaba el escuadrón escolta del General en Jefe. El resto del Regimiento, es decir los escuadrones 1ro. y 2do., comandados por el capitán Nicasio Ramallo (de 23 años) y el Sargento Mayor Manuel Medina (quien se desempeñaba como segundo jefe de la unidad, entonces tenía 27 años) respondían al mando del Coronel Zapiola, quien en ese momento tenía 37 años, y marcharían en otro grupo. Irían en cinco escalones cubriendo 24 días de marcha. El movimiento se inició el 19 de enero. Tenía una longitud de 525 Km. Esta columna contaba con 2.650 combatientes y 7 piezas de artillería. La profundidad de marcha en plena cordillera era de casi 50 kms.

 

Uspallata (por el paso de la Iglesia): con el Cnl. Juan Gregorio Las Heras. Con la vanguardia marcharía el Capitán José Aldao y 30 granaderos además de tropas de las otras armas. Debía marchar 21 días para llegar a Santa Rosa de los Andes, partiendo el 18 de enero. Tenía una longitud de 315 Km. Las instrucciones dadas por San Martín era sorprender la guardia enemiga al occidente de la cordillera; enseguida penetrar el valle del Aconcagua, buscar comunicación con el grueso del ejército por la derecha del río y fortificarse en Chacabuco, adelantando su partida de caballería. El día 8 de Febrero y no entes, debía hallarse en Santa Rosa de Los Andes pues el fin principal de su movimiento, era llamar la atención del enemigo mientras el grueso del ejército desembocaba por el flanco y la espalda al valle de Putaendo.

Portillo (Paso de los Piuquenes, Mendoza): con el Cap. José León Lemus (de 52 años). No tenía tropa de Granaderos a Caballo. Marcharía en dirección a San Gabriel. Tenía una longitud de 365 Km  El objetivo era hacerse notar del lado chileno por los realistas tratando de generar alarma y conmoción.

Planchón: (Pcia. de Mendoza) con el Cap. Ramón Freyre (chileno de nacimiento, agregado al Regimiento y poseía el grado de Teniente Coronel, tenía 30 años) y 25 granaderos en 18 días de marcha. Inició la marcha el 14 de enero en dirección a Curicó para intentar la sublevación del sur del país y organizar guerrillas. Tenía una longitud de 500km. Valioso aporte el de Antonio Merino que preparo el camino y se anticipó para que los chilenos estuvieran organizados para sumarse al ejército

Los 6 pasos elegidos por San Martín por donde el ejército franqueó la cordillera de Los Andes


Fuente: MONTI, Carlos. Campaña de los Andes/1. Buenos Aires, Laboratorios Gador, s.f.

  • Po. de los Patos: Une Mendoza con Santiago. Longitud: 315 Km. Cae en Chile, en el valle de Aconcagua, 90 Km. al norte de Santiago, en una zona de pocos recursos.

  •  Po. de Uspallata: Une Mendoza con Santiago. Longitud: 315 Km. Cae en Chile en el mismo lugar que la ruta del Po. de los Patos.

  •  Po. de Come Caballos: Une La Rioja con Copiapó. Longitud: 750 Km. Cae en Chile, en una zona muy pobre y poco poblada, a 500 Km. al Norte de Santiago.

  • Po. de Pismanta: Une San Juan con Coquimbo. Longitud: 705 Km. Cae en Chile, en una zona sin recursos, 300 Km. al norte de Santiago.

  • Po. del Portillo: Une Mendoza con Santiago. Longitud: 365 Km. Cae en Chile, a 30 Km. al este, sur y este de Santiago en una zona con abundantes recursos.

 

  • Po. del Planchón: Une San Rafael con Curicó. Longitud: 500 Km. Cae en Chile, a 200 Km. al sur de Santiago en la zona más rica del país.            

    ·

     LAS RAZONES ERAN LAS SIGUIENTES:

  • Eran los que se empleaban más frecuentemente en el tráfico de la época y por ello eran los más conocidos y donde los arrieros eran más baqueanos. 

  • Si se avanza por una sola línea de invasión la columna de marcha sería excesivamente profunda con las consiguientes dificultades para el sostén logístico y para el empleo de las unidades. Además, si el enemigo taponaba la salida no quedaba otra alternativa que el regreso, es decir el fracaso.

  • Dados los efectivos, no convenía franquear con la masa por más de dos pasos porque se corría el riesgo de ser débil en todas partes. Además los dos pasos debían ser elegidos de forma tal que las columnas pudieran prestarse mutuo apoyo durante el franqueo y en el desemboque. Por esto, debían descartarse los pasos ubicados en extremos y ubicarse contiguos. Los seleccionados cumplían con los requisitos.

  • Las líneas de invasión de Uspallata y los Patos desembocan en un mismo valle, al Oeste de los Andes, los cuales facilitan la cooperación de las columnas para asegurar su reunión en ese lugar; permiten la comunicación entre las dos rutas, durante el franqueo, a lo largo del valle de Uspallata y de los Valles de los ríos de las Cuevas y del Volcán, lo que facilita la coordinación del desplazamiento y caen a una conveniente distancia de Santiago.

  • De las dos líneas, la que iría por el paso de los Patos, era más larga, pero por ello y por desembocar algo más al Norte, era probable que fuera menos vigilada y eventualmente era menos factible que fuera taponada a tiempo si el enemigo concurría con su masa para hacerlo. En este último caso, podía eventualmente abrir el paso la columna de Uspallata, atacando por la espalda a quienes bloquearan la ruta de Los Patos. Convenía entonces desplazar la columna principal por Los Patos y la columna auxiliar por Uspallata.

Antecedentes

Fuente: Manual de Historia Argentina (cd), editorial Albrematica.



El Segundo Triunvirato, el 29 de noviembre de 1813 creó la Intendencia de Cuyo, integrada por las provincias de San Juan, San Luis y Mendoza, con capital en esta última. El 10 de agosto de 1814 fue nombrado José de San Martín (por entonces en Córdoba, recuperándose de algunos problemas de salud) como gobernador - intendente de la nueva región. Impulsó en forma apreciable el desarrollo de la agricultura, la ganadería, el comercio y la minería durante su gobierno de Cuyo.

Se debió también a San Martín la realización del primer catastro provincial, así como la creación del Colegio de la Santísima Trinidad, en la ciudad de Mendoza. Llevaba un mes en su nuevo cargo San Martín, cuando arribaron a Mendoza los patriotas chilenos derrotados por los realistas en la batalla de Rancagua.

Con la llegada de estos emigrados comienza San Martín la preparación de un ejército que, cruzando la cordillera de los Andes, intentaría la liberación del territorio vecino, para pasar después al Perú, idea ésta que desde tiempo atrás tenía la intención de realizar. Para llevar adelante este proyecto habría que crear dos frentes de operaciones: el del oeste y el del norte. Para el primero se prepararía en Cuyo un ejército que cruzaría la cordillera, apoyaría a los chilenos en su lucha contra las tropas del virrey del Perú y, finalmente, marcharía hasta Lima. Una vez iniciada esta expedición, por el norte se avanzaría hacia el Alto Perú. O sea que el plan sanmartiniano era concebido como un movimiento de pinzas que deberían cerrarse sobre el Perú para terminar con el poderío borbónico en América.

 

Se llamó a este proyecto Plan Continental. La organización del Ejército de los Andes recibió gran impulso al ser elegido Juan Martín de Pueyrredón como Director Supremo en Buenos Aires, quien dio apoyo financiero, no obstante los escasos recursos de que disponía el país. El ejército de los Andes se formó con tropas de los ejércitos del norte y del litoral, con la base para la caballería de los cuatro escuadrones del regimiento de Granaderos a Caballo (creado por San Martín), pero el mayor aporte lo hizo la misma Cuyo, con un gran número de voluntarios, incluidos los negros esclavos y los libertos, que hasta entonces poco eran tenidos en cuenta.

Llegó así a reunir San Martín un ejército de aproximadamente 5.500 hombres (entre hombres de tropa y milicias), 10.600 mulas (fundamentales para el cruce de los Andes, ya que por estar adaptadas a la altura, podían cargar con todo lo necesario), 1.600 caballos (de los cuales llegaron a Chile aproximadamente 800, pérdida esta que ya había calculado San Martín) y 700 cabezas de ganado, además de la artillería y provisiones. Enorme ayuda prestó al Libertador, Fray Luís Beltrán, a quien se encargó la elaboración de cuanto material de guerra y utensilios se pudieran necesitar para el cruce. En el campo de El Plumerillo, cercano a la ciudad de Mendoza, instaló San Martín el campamento de preparación del ejército. La preparación de las tropas estuvo terminada a fines de 1816.

EJERCITO DE LOS ANDES

 

Organización

 

Organizacion del Ejercito de Los Andes

 

El 10 de agosto de 1814, San Martín fue designado, a su pedido, Gobernador de Cuyo (actual Mendoza, San Luis y San Juan). Allí organizaría el instrumento para llevar a cabo el Plan Continental: El Ejército de los Andes: Para ello, desde principios de 1816, el Gral. San Martín comienza en el campamento del Plumerillo, a crear un ejército prácticamente de la nada. Fábricas de pólvoras y explosivos, cañones y armas livianas, reclutamiento, selección y educación militar de cuadros y tropas, instrucción individual y de conjunto, son algunas de las múltiples tareas que dirigió personalmente el Libertador. El efectivo del Ejército no llegó, con su máximo número, a sobrepasar los 5,000 hombres, incluyendo 1.200 pertenecientes a servicios auxiliares, baqueanos y personal civil. Organizó un Estado Mayor con todos los elementos necesarios para asesorar y asistir al comandante en el comando integral de sus tropas.

 

Detalle de la organización

http://www.i-n-sanmartiniano.com.ar/el_militar/andes/organizacion.htm 

 

Definidas las líneas generales del plan de campaña, San Martín inició los trabajos para organizar el ejército con que habría de llevar a cabo la gran empresa, sobre la base de los dos únicos núcleos de tropas que existían en Mendoza: el Cuerpo de Auxiliares de Chile, al mando del coronel Gregorio de Las Heras -que fue llevado a Mendoza después de la derrota de Rancagua, en 1814- y las milicias cívicas de la provincia, agrupadas en dos cuerpos de caballería y dos batallones de infantería denominados Cívicos Blancos y Cívicos Pardos.


Al mismo tiempo que se organizaba el ejército había que atender a la defensa inmediata del territorio, siempre amenazado desde Chile. Esta eventualidad obligó a San Martín a aumentar urgentemente los efectivos de los cuerpos mencionados y colocarlos en condiciones de afrontar las tareas de protección más indispensables, para lo cual implantó una especie de servicio militar obligatorio para la provincia de Cuyo.
El 8 de noviembre de 1814, se creó el Batallón N 11 de Infantería, con los citados contingentes de Auxiliares de Chile más un escuadrón de caballería. A mediados de diciembre, se incorporaron dos compañías del Batallón N 8, procedentes de Buenos Aires, y una compañía de artillería con cuatro piezas, a las órdenes del sargento mayor Pedro Regalado de la Plaza. Los efectivos obtenidos hasta entonces (400 hombres y 4 cañones) estaban muy lejos de las mínimas necesidades futuras, lo que indujo a San Martín a disponer la incorporación de nuevas tropas.


A partir de 1815, el infatigable gobernador de Cuyo aplicó una serie de procedimientos expeditivos para llevar el ejército al pie orgánico exigido por la magnitud de la empresa a realizar y en los que fue auxiliado por el Gobierno de Buenos Aires. En el mes de febrero, consiguió que le incorporasen nuevas dotaciones de artillería. El 26 de julio, llegaron a Mendoza los Escuadrones 3 y 4 de Granaderos a Caballo, enviados por el Director Supremo, al mando del capitán Soler y del teniente Lavalle, llevando vestuario, equipo y armamento para 400 soldados. El 14 de agosto, San Martín recurrió al voluntariado, con lo que obtuvo algunos contingentes apreciables. Con los emigrados chilenos organizó la Legión Patriótica de Chile y, faltándole aún 130 hombres para completar los escuadrones de granaderos, publicó el célebre bando:
“tengo 130 sables arrumbados en el cuartel de Granaderos a Caballo, por falta de brazos que los empuñen..., que le aportó igual número de voluntarios.”


Hacia octubre de 1815, el incipiente ejército contaba ya con unos 1.600 soldados de infantería, 1.000 de caballería de línea y 220 artilleros, con 10 cañones.
Mientras aumentaba el ejército, se presentaban problemas de difícil solución, pues había que vestir a las tropas y poner en condiciones de uso al armamento que, en su mayor parte, se hallaba en mal estado. Escaseaban, además, la pólvora y las municiones, careciéndose de medios para proveerse de ellas pues las únicas fábricas existentes -en Córdoba y La Rioja- no alcanzaban a satisfacer la demanda del Ejército del Alto Perú. El ingenio inagotable de San Martín zanjó en poco tiempo estas dificultades.
Con el concurso de un emigrado chileno, Dámaso Herrera, muy entendido en mecánica, se transformó el molino de Tejada en batán, accionado por el sistema hidráulico que poseía. San Luis contribuyó con bayetas de lana, las que una vez en Mendoza se teñían y se abatanaban hasta el grado de consistencia que se creía conveniente, y de estas bayetas o pañetes se vistió el ejército.


Del mismo modo, fue creada la maestranza y el parque de artillería, con la hábil dirección de fray Luis Beltrán, gran experto en matemática, física y metalurgia. En cuanto a la pólvora, dada la abundancia de salitre en la zona, se instaló un laboratorio con la dirección del ingeniero José Antonio Álvarez de Condarco, obteniéndose un producto de superior calidad y cubriéndose todas las necesidades previstas.
A estos organismos siguió la creación de otros, no menos importantes: la sanidad fue confiada al doctor Diego Paroissien; la vicaria castrense al sacerdote José Lorenzo Güiraldes; la comisaría del ejército a Juan Gregorio Lemos y la justicia militar, como auditor de guerra, al doctor Bernardo de Vera y Pintado

 

Hasta ese momento, principios de 1816, la campaña sobre Chile no había sido formalizada oficialmente por el Gobierno nacional. Como era urgente apresurar su organización con la incorporación de otros 1.600 hombres, la obtención de ganado y dinero para la adquisición de armas, San Martín comisionó a Manuel Ignacio Molina para que se entrevistase con el Director Supremo. Como resultado de la gestión, solamente obtuvo una contribución en dinero.

En marzo de 1816, San Martín solicitó la incorporación de los otros dos escuadrones de Granaderos a Caballo que se encontraban en el Ejército del Alto Perú. Al siguiente mes se le enviaron estos granaderos que, al pasar por La Rioja, reclutaron 100 hombres más.
El Libertador debió sumar a los grandes problemas que tuvo para llevar a cabo su empresa, la incomprensión del Gobierno de Buenos Aires, no muy convencido de las posibilidades de expedicionar a través de los Andes.


El 3 de mayo de 1816, el Congreso nacional, reunido en Tucumán, eligió Director Supremo a Juan Martín de Pueyrredón. Este, ante la insistencia de San Martín, con quien tuvo una entrevista en Córdoba, orientó todos los esfuerzos hacia Cuyo. Se activaron los trabajos y esta provincia cordillerana se transformó en una inmensa fragua para forjar un ejército bien dotado que debía abatir el estandarte español en Chile.
El 1 de agosto, el Director Supremo dio al ejército de Cuyo el nombre definitivo de Ejército de los Andes y San Martín fue designado su general en jefe. Para darle una nueva estructura, el Regimiento N 11 fue dividido en dos cuerpos, manteniendo el primer batallón su anterior número y dándose al otro la nominación de Batallón N 1 de Cazadores. El Batallón N 8, mediante el reclutamiento de un fuerte contingente de negros, alcanzó a contar con 355 hombres, que pronto fueron aumentados con nuevos aportes de la provincia.


En noviembre de ese año, San Martín propuso la formación de una compañía de zapadores, considerada imprescindible por la característica topográfica del teatro de operaciones. La propuesta le fue negada, siendo sustituida por plazas de gastadores, las necesarias a cada cuerpo, creándose un cuerpo con los barreteros de minas.

El Regimiento de Granaderos a Caballo quedó finalmente organizado con cuatro escuadrones de 145 hombres cada uno. El quinto escuadrón, formado con personal seleccionado, se transformó en el Escuadrón Cazadores de la Escolta. Con los artilleros se creó un batallón de 241 hombres con 18 piezas de diverso calibre.
Paralelamente a la organización del ejército fue necesario disponer su mantenimiento, adquirir los materiales de guerra y propender a los recursos para financiar la campaña. Los pueblos de Cuyo, a pesar de su pobreza, sintieron exaltado su patriotismo, lo que permitió a San Martín organizar y encauzar la economía provincial para poder cubrir al máximo las necesidades.


Durante el año 1815, las minas de Pismanta y Huayaguaz proveyeron 27 quintales de plomo y gran cantidad de azufre y las de Uspallata produjeron igualmente plomo y algo de plata. De este modo se lograron extraer de Cuyo los elementos para la fabricación de pólvora y los metales para alimentar las fraguas de fray Luis Beltrán.
La absoluta necesidad de aumentar los ingresos del fisco, dada la insuficiencia de la ayuda del Gobierno de Buenos Aires, indujo a San Martín a ampliar el régimen tributario de la provincia y crear diversos arbitrios: la contribución extraordinaria de guerra o impuesto directo sobre los capitales, a razón de 4 reales por cada 1.000 pesos, que también incluyó a los comerciantes exportadores y de tránsito; el impuesto a la carne de consumo corriente, que produjo unos 6.000 pesos anuales; la contribución patriótica, que aportó 8.700 pesos; la contribución basada “sobre el pie sólido de los producidos por las fincas rústicas”, y otra, extraordinaria, de la que consta una recaudación de 9.000 pesos. Se recurrió a las donaciones voluntarias en dinero, ganado y elementos directa o indirectamente útiles al ejército. Los traficantes en vinos y aguardientes abonaron, por propia iniciativa, un derecho de extracción calculado en 2.300 pesos mensuales; el gremio de carreteros aportó una contribución voluntaria de un peso por cada viaje de carreta y la cofradía de Nuestra Señora del Rosario efectuó un donativo en metálico que, sumado al de algunos españoles simpatizantes con la causa de la independencia, alcanzó los 3.940 pesos.

San Martín dispuso que ingresen al tesoro público los capitales de propiedad del convento de las monjas de La Buena Esperanza; la recaudación de los capitales a censo de las diversas cofradías fundadas en las iglesias y la limosna colectada por la comunidad de la Merced para la redención de los cautivos cristianos. En concepto de ingresos eventuales se recurrió a la disminución del sueldo de los empleados públicos prometiendo el reintegro a quienes no lo cediesen voluntariamente; se aceptaron préstamos voluntarios y forzosos; se dispuso el secuestro y confiscación de bienes de los europeos y americanos enemigos de la revolución y de los prófugos en Perú, Chile y otros lugares. El renglón de multas produjo ingresos considerables; se procedió a la venta de tierras públicas y se creó una lotería, que el gobierno administraba en el territorio de su jurisdicción.


Al iniciarse la campaña, San Martín había pedido al Gobierno nacional la aprobación de la hipoteca de 44.000 pesos hecha de los fondos generales de hacienda de la provincia en favor de los prestamistas, de los que 24.000 erogó Mendoza, 18.000 San Juan y 2.000 la Punta de San Luis. También obtuvo del comercio de Mendoza un préstamo adicional de 20.000 pesos.


Fue así como, al conjuro del Gran Capitán, surgieron todos los recursos para organizar, armar, equipar y mantener un ejército. Cuando la población de Cuyo ya no tuvo nada para dar, continuó ofreciendo sus propios esfuerzos: las damas cosieron ropas e hilaron vendas; numerosos artesanos prestaron su concurso para las construcciones militares; los carreteros y arrieros realizaron el transporte gratuito de todos los elementos necesarios al ejército.


En todo momento las fuerzas reclutadas recibían una cuidadosa instrucción, dirigida personalmente por el general San Martín, la que se intensificó a mediados del año 1816. Se estableció un campamento en el paraje llamado El Plumerillo, pocos kilómetros al noroeste de Mendoza. En el frente del campamento se despejó un gran terreno que se destinó como plaza de instrucción y, hacia el oeste, se construyó un tapial doble para espaldón de tiro.


Al finalizar ese año, la instrucción militar, tanto de las tropas como de los cuadros, había alcanzado un grado de perfeccionamiento no igualado, hasta entonces, por ejército americano alguno. Esta estructura bélica se completó con un Cuartel General, con el Estado Mayor (creado el 24 de diciembre de 1816), con las especialidades (barreteros de minas, arrieros y baqueanos) y con los servicios de vicaria castrense, sanidad, bagajes.
Los efectivos de todas las unidades de línea, servicios y tropas auxiliares del Ejército de los Andes, arrojaron un total de: 3 generales, 28 jefes, 207 oficiales, 15 empleados civiles, 3.778 soldados combatientes y 1.392 auxiliares, lo que suma un conjunto de 5.423 hombres. Disponía, además, de 18 piezas de artillería, 1.500 caballos y 9.280 mulas.

Sólo faltaba al ejército una bandera: el comercio de Mendoza proveyó la sarga, de colores blanco y celeste, con la cual varias damas confeccionaron el estandarte que las huestes redentoras llevaron hasta el pie del Chimborazo.

Pronto más información

I'm busy working on my blog posts. Watch this space!

Please reload

LOGO ETT.jpg

(+56 9) 9895 3680

Expedición Cruce de Los Andes 

Idea y producción: Jorge Frigerio

Diapositiva53 - copia.JPG